martes, 19 de mayo de 2009

MICHAEL JORDAN.WHEN NOTHING ELSE MATTERS.


Siguiendo el ejemplo de un buen amigo, me he lanzado a divagar sobre una de mis grandes pasiones, el deporte.

Para mi primer “post” no he tenido muchas dudas. Pienso en deporte, y que momentos me han impactado más y tengo pocas dudas. Automáticamente se me viene a la cabeza una imagen, la cara de los aficionados de Utah, el alero de los Jazz por los suelos, y el número 23 de los Chicago Bulls elevándose en una perfecta suspensión, listo para encestar la canasta que le haría entrar en los libros de historia, no solo en los de deporte.

Nunca viví ese momento en directo y a pesar de eso nunca me ha impresionado tanto un acontecimiento deportivos, y los que me conocen bien saben que me gusta vivirlos con intensidad. Este es el motivo por el que me produce tanto impacto este deportista, Michael Jordan.

Me pongo en la piel de un chaval de 18 años de la Ciudad del viento, apasionado por el basket, bien equipado con su camiseta roja con el 23 a la espalda, sentado en el salón de su casa rodeado de amigos viendo ese sexto partido de la Final de la NBA de 1998 en Utah. Stockton acaba de meter un triple que coloca a Utah 3 arriba, pero Jordan pone a su equipo a un solo punto con un bandeja rapidísima. Queda poco más de medio minuto, el resultado esta en un pañuelo y la responsabilidad cada vez es mayor. Stockton, el director de juego de Utah, decide dejarle la responsabilidad a Malone, pero todo el mundo sabía que ese último balón iba a ser para él, incluido un Jordan que deja su marca para robar el balón. Cruza la cancha, 6 segundos para el final del partido, final de una temporada, final de una carrera deportiva. Una carrera deportiva que no necesitaba de esa canasta para ser grandiosa, pero gracias a esta se convirtió en mística.

No hay comentarios:

Publicar un comentario